La moda siempre ha estado marcada por tendencias, pero para la Generación Z, el ritmo ha alcanzado un nivel insostenible. Antes, los cambios de estilo seguían ciclos predecibles de aproximadamente 20 años, lo que daba tiempo suficiente para absorber, reinterpretar y revivir modas pasadas. Sin embargo, en la era de las redes sociales, particularmente con la influencia de TikTok, las tendencias pueden surgir y desaparecer en cuestión de semanas o incluso días.
El impacto de este frenesí es innegable. La Generación Z enfrenta una constante presión para mantenerse al día con las estéticas en tendencia. Desde la moda coquette hasta el mob wife aesthetic, pasando por los vasos Stanley o los mini bolsos Jacquemus, cada semana parece haber un nuevo objeto o estilo imprescindible. La velocidad con la que se presentan estas modas no solo agota a los consumidores, sino que también hace que muchas de estas compras se sientan descartables apenas unas semanas después de haberlas adquirido.
Connection Makers

No es solo una cuestión de moda. En plataformas como TikTok e Instagram, el algoritmo prioriza la novedad, lo que incentiva a los usuarios a adoptar lo último sin cuestionar su utilidad o longevidad. La viralidad convierte cualquier cosa en tendencia, desde colores de uñas hasta nuevas formas de organizar el clóset. Pero la Generación Z es plenamente consciente de que esta dinámica responde a un modelo económico que beneficia a las grandes marcas, mientras los consumidores quedan atrapados en un ciclo de compra y descarte continuo.
El ciclo de consumo acelerado y sus efectos
El auge de la moda rápida y el comercio electrónico ha facilitado la proliferación de microtendencias. Empresas como Shein y Temu han logrado capitalizar este fenómeno, produciendo colecciones a una velocidad récord para satisfacer la demanda de cada nueva estética viral. El resultado es un mercado saturado de productos de baja calidad que rápidamente pierden relevancia.
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Más allá del impacto ambiental, la rápida obsolescencia de estas modas genera en los jóvenes una sensación de ansiedad y frustración. Comprar ropa o accesorios de tendencia ya no se siente como una inversión en identidad, sino como un gasto obligatorio para encajar en la conversación digital. La idea de encontrar un estilo personal se vuelve cada vez más difícil cuando se está constantemente expuesto a nuevos estímulos visuales que redefinen lo que se considera “cool”.
Muchos jóvenes han comenzado a cuestionar esta dinámica y han optado por alejarse de la cultura de las microtendencias. Algunos han reducido su consumo de contenido de moda en redes sociales, mientras que otros han decidido invertir en prendas atemporales en lugar de seguir cada nueva estética pasajera. Este cambio de mentalidad está dando lugar a movimientos como el underconsumption core, que promueve una moda más sostenible y menos impulsiva.
El cansancio de las tendencias y la búsqueda de autenticidad
A medida que la Generación Z experimenta esta fatiga de tendencias, surge un deseo creciente de autenticidad y estabilidad. Muchos jóvenes están comenzando a rechazar la necesidad de actualizar constantemente su guardarropa y buscan construir un estilo propio basado en piezas duraderas y significativas.
@dainty.nugs Some underconsumption tips ive been trying to follow this year, i am actually spending WAY less already than last year on material items and way more on experiences, traveling, hobbies and spending time with loved ones! #underconsumption #deinfluencing #underconsumptioncore
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La sobrecarga de tendencias también ha afectado la forma en que los jóvenes interactúan con el consumo digital. Mientras que en el pasado, plataformas como TikTok eran vistas como espacios para descubrir estilos y productos interesantes, ahora muchos usuarios las perciben como escaparates donde constantemente se les está vendiendo algo. La promesa inicial de las redes sociales como espacios de creatividad y autoexpresión se ha convertido en un ciclo interminable de publicidad disfrazada de recomendaciones orgánicas.
No es de extrañar que algunos usuarios hayan comenzado a abandonar plataformas como TikTok o a limitar su tiempo en redes sociales. El deseo de escapar del frenesí de las tendencias ha llevado a muchos a explorar opciones más pausadas, como comprar ropa de segunda mano, invertir en moda sostenible o simplemente ignorar por completo el flujo constante de novedades.
Final Thoughts
La Generación Z está alcanzando un punto de quiebre con el consumo excesivo de tendencias. Lo que antes podía ser visto como una forma divertida de explorar la moda y la identidad personal se ha transformado en una fuente de estrés y ansiedad. La presión de mantenerse al día con un sinfín de estéticas efímeras ha llevado a muchos jóvenes a replantear su relación con la moda y el consumo digital.
El futuro del mercado juvenil parece estar inclinándose hacia un enfoque más selectivo y consciente. Si bien las tendencias seguirán existiendo, la diferencia radicará en cómo se adoptan y qué impacto generan en la vida de los consumidores. Para las marcas, este cambio representa un desafío y una oportunidad: aquellas que sepan ofrecer productos con valor a largo plazo y que se alejen de la hiperproducción serán las que logren una conexión más genuina con la Generación Z.
En un mundo saturado de tendencias fugaces, el verdadero lujo podría ser la capacidad de elegir qué consumir con intención y significado. La Generación Z, cada vez más consciente del impacto de sus decisiones, está trazando un nuevo camino donde la autenticidad y la sostenibilidad son más valiosas que cualquier moda pasajera.
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